sábado, 11 de octubre de 2008

Cuantas tardes paseamos...



Cuantas tardes paseamos

Por el jardín del olvido

Por el árbol de los sueños

Y por el bosque prohibido.

 Cuantas noches dibujamos

Con los dedos las estrellas

Escribiendo mil poesías

Sin que la luna nos viera.

 Cuantas veces estas manos

Tocaron tu frío cuerpo

Estudiaron tus lunares

En tálamos de fuegos.

 Cuando surcos sin querer

Hacer daño a mi barbecho

Con tempestades labradas

En verano y en invierno

Siempre queda la esperanza

Dormida bajo un lucero

Mientras se mecen mentiras

En el baúl de los sueños

Sé que no quedan salidas

Salvo que olvide lo nuestro

Pero no puedo olvidar

Algo que llevo tan dentro

 Me castigarán las llagas

De mi corazón maltrecho

Saldará el tiempo las deudas

Que nos perdonó el momento.

Y seguiré caminando

A solas con mis recuerdos

Y con el tormento de amarte

Sin tú tener

El valor de luchar por ello

Aunque sepas cuánto te quise…

 Y cuánto te quiero.


Encarna Recio Blanco


lunes, 29 de septiembre de 2008

Quien la puso Guatemala


¿Quien la puso Guatemala

¿Siendo una tierra tan buena?

Yo la bautizaré esta noche

Llamándola… Guatebuena.

Donde sus gentes sensibles

A la poesía se aferran.

Al trabajo bien labrado.

A la casta de sus venas.

 ¡Que cerca estás esta noche!

Aunque tan lejos te encuentras

Lusinda hoy me has tocado

Mi corazón que  hasta ahí vuela.

Para vosotros escribo…

Los que tenéis la conciencia

De que el sentimiento puro

Puede abrir todas las puertas.

 No hay distancia en el amor

Ni en los pueblos que faenan

En que la Paz por el mundo

Florezca cual primavera.

Lusinda me gustaría regalarte

Lo mejor de mi cosecha…

Hoy te mando con el viento

Las flores más bellas.

Al pueblo de Guatemala

Hoy le digo: Guatebuena…

Porque me llegó el perfume

 De Lusinda desde Guatemala…

La Buena.


Encarna Recio Blanco


domingo, 28 de septiembre de 2008

Hoy tengo la mente en blanco


Hoy tengo la mente en blanco

Y no me llegan las musas

Con el calor se adormecen

Y no puedo sacarlas punta.

Ellas se cansan también

De mis llamadas constantes

De buscar en el baúl

Lo que pueda serenarme.

 Dejo la pluma sin tinta a veces

El ordenador dormido

Y a mi mente la reprendo

Porque está vaga conmigo.

Necesito vomitar cada noche

En el papel que impaciente me espera

Cada noche o en la mañana

En verano o en primavera.

 Y digo lo de las arcadas

Porque hoy leyendo la prensa

Se desataron mis nervios

Cual fieras que estaban presas.

Dejar a tu hijo al cuidado

De pécoras que se ensañan

Con la inocencia de un niño

Por sus vicios de alimañas.

Pensaste que en buenas manos

A tu corazón dejabas…

Pero tu niño ya tiene

En el corazón la llaga.

He dejado de leer

Porque seguir no podía

Y en la siguiente noticia

Las arcadas me volvían.

 Así es, que opté por mirar

Detrás de mis celosías

Y otra vez quise cerrarlas

Por los dramas que veía.

Así es, que aquí estoy delante

De este ordenador dormido

Tecleando sin parar

Por lo que muero y no vivo.

Tengo tal necesidad de paz

Que soy como aquel mendigo

Que busca para saciarse algo

Aunque el bocadillo esté podrido.


Encarna Recio Blanco


 

 


Hoy me he puesto a hablar al viento


Hoy me he puesto a hablar al viento

El que te trajo aquel día

Cuando asomaba el otoño

En mi fría celosía.

Me dice que fue una orden

Que del cielo recibió

Para sacar las sonrisas

De aquellos tristes

De mi rincón.

Empezó a cantar la luna

Y aquel triste ruiseñor

Y al borracho que escapaba

De la cárcel de un amor.

Empezamos a sumar

Como buenas colegialas

Las deudas de una ilusión

En las Ondas solitarias.

Nuestro ángel sonreía

Mirándonos a las dos

Como prendimos el fuego

Donde solo había carbón.

La travesía está en marcha

Tranquilo y sereno el mar

Viento en popa a toda vela

¡Lo tenemos que lograr!

Hacer de las noches días

Al triste dar alegrías…

Al  que no tenga cobijo

Nuestra eterna compañía.

Recia parece la noche

Pero Blanca la tornamos

Entre poemas que escapan

De unos labios  Encarnados.

Le doy las gracias al Cielo

Porque te trajo al rincón

Donde las estrellas brillan

Con los ojos del Señor.

 

Encarna Recio Blanco





sábado, 13 de septiembre de 2008

No tengo ni una gana de más


No tengo ni una gana de más

Ni  un ansia de menos.

Estoy sola en éste andén sin billete

Y sin destino fijo, sin equipaje

Y sin abrigo.

No tengo ni a un perro de amigo

Ni a otro vagabundo que se haya perdido

Ni a un cura que vaya rezando

Un místico ritual.

Ni a un soldado con su fusil

Para poderlo robar

Ni a una vieja solitaria.

Ni a un gitano y su cantar.

No tengo nada y me sobran

Aún las ganas de amar.


Encarna Recio Blanco

 



A veces el alma


A veces el alma decide tomarse un descanso

Y el corazón te dicta que está muy cansado.

Macuto a la espalda con los pies descalzos

Raída pamela  me escapé cantando.

Lejos del bullicio, del niño llorando

De veloces coches de calles gritando.

De malas noticia de oropeles falsos

De ninfas ocultas, de malo y de raro.

Del reloj que llama sin pedir permiso

De brujas que acechan en sus escondrijos.

Me acogía la luna cuando el sol dormía

Y en aquella senda libre me sentía.

Pasaban los días y más me encontraba

Lejos de aquel mundo que me trastornaba.

Quería ser libre, que nada me atara

Que mi mente llena se desatrancara.

He guardado bien el sol en una caja de plata

Noches de luna y de brisas en mitad de una  montaña.

Como cabra al monte o perro sin dueño

Me sentía segura en aquel destierro.

 Otra vez al frente de los entresijos

Pero ahora ya tengo más claro el camino.


Encarna Recio Blanco.