Cuando
ya sea vieja de remate, haré aquellas cosas que no pude hacer antes. Me
teñiré el pelo de verde, o de granate, total, me quedarán cuatro pelos si llego,
ya que de joven, me las tenía que arreglar, entre pelucas y pañuelos.
Las
uñas, me las cortaré al rape, ya que siempre las llevaba largas e impecables. Mis
manos, fueron siempre mi carta de presentación, presumí de ellas, y muchas
envidiosas me decían: ¡Claro, como no friegas los platos! Sí que los fregaba,
pero las labores de mi casa, siempre las hacía enguantada.
Me
sentaré con los niños del parque, y jugaré a la comba con ellos, así compensaré
mi austeridad de antaño.
Cuando
yo era muy niña, ya estaba en la farmacia con mi bata blanca, cual un pajarillo
en la jaula encerrada. Siempre leyendo poesías, repasando las matemáticas, con
pocos juguetes, y muchas hermanas.
Me
compraré un bastón con ribetes dorados, como el que llevaba siempre Antonio
Gala, y si me saliera un ladrón al encuentro, ¡le romperé la cara! No me
meterán en la cárcel por tan grande trastada, porque me verán tan vieja, tan
vieja, que dirán: ¡Vamos a dejarla, ya que está más loca la pobre, que una
cabra!
Cuando
ya sea vieja de remate, me pondré una pamela de paja, aunque no me haga juego
con mis sayonas largas, mis collares de perlas, de colores, de cristales,
aquellos, que yo misma engarzaba, en las
largas noches que esperaba, al truhan que nunca llegaba, (Aún lo sigo
esperando…más vale que no apareciera, entonces, ni ahora, porque si llegara a
verme, se espanta)
Me
adentraré en la iglesia con una mantilla blanca, ya que el color negro siempre
me asustaba, y retaré a las viejas que rezan mirándome, cuando altiva pase con
mi porte, cual reina destronada.
Cuando llueva,
caminaré descalza por el paseo de los rosales, y entre charco y charco, cargaré
las pilas, que seguramente, estarán más secas que las uvas pasas, y hasta puede
que mis callos se ablanden, sin tener
que ir al “Centro de Mayores” que me cobraban una buena pasta.
Me
sentaré en la terraza del casino por las mañanas, con mi café y mis cigarrillos,
haciendo mis crucigramas, sin prisas, tranquila y relajada, oyendo tal vez, decir
al paleto de turno entre dientes, mirándome a la cara y diciendo en voz baja,
“La que tuvo retuvo” a su edad, la tía, sigue estando guapa” sonreiré
complaciente, por el piropo supongo,
porque estoy segura, que seguiré siendo,
una coqueta redomada.
Continuaré, echando mis quinielas, soy tenaz
en que la suerte algún día venga, como
no se de prisa, me encuentra ya en la negra caja. Nunca me tocó ni un
reintegro, ni en una tómbola, aquella muñeca por la que siempre suspiraba,
nada, pero no desistiré, porque el destino y la suerte, andan siempre un tanto
despistadas.
Seguiré
fumando, aunque el médico me diga que ya mis pulmones no puedan, con la carga,
de la feroz nicotina, que seguramente, me tendrá asfixiada, total para lo que
me queda, diré pensativa y abrumada, y entonces, daré a mi cigarrillo una buena
fumarada.
¿Al
centro de Mayores? ¡Ni hablar! allí no pisaré, porque hay viejos, reviejos, que
se toman mil pastillas, para los dolores del cuerpo, y los del alma, ni se los
miran, ni se los tratan.
Estoy
haciendo este repaso, sin saber si voy a llegara vieja revieja, pero eso de
escribir me hace que las cosas, si con
ansias las deseas, se cumplan.
Seguramente
hare más cosas, y que ahora ni me pasan por la cabeza, cuando me pasen, os haré
partícipes de ellas.
Encarna Recio Blanco