jueves, 1 de febrero de 2024

No te conocía mujer...

 


 No te conocía mujer, pero las dos aquel día

Nos cruzamos por la gran avenida

Sin medir ni un saludo ni una palabra

Cuando los villancicos por las calles ya se oían.

 Me tendiste la mano para que te diera

Tal vez, calor en las tuyas o una ayuda

 Para mitigar tu hambre atrasada

Tu dolor, tu sed y tu amargura.

 Seguiste por la acera y te perdiste de mi vista

Con tus manos tendidas al viento

Entre tus pobres harapos y con tu mirada

Perdida entre el frio asfalto que te sostenía.

 Hoy en las noticias he leído horrorizada

Que te han encontrado muerta…sin vida

Arrebujada a una mísera manta

Como un pajarillo sin nido y sin alas.

 Al ver esa estampa tan inhumana y cruel

Mi interior se ha revelado como un volcán

Que arde entre fuego y lava sin poderte

Donar tan sólo… estas dolientes palabras.

 Grito  y grito pidiendo Justicia, Paz, y Amor

¡Por este  mundo! ¡Dios mío!

¿Qué está pasando? Solo veo dolor

Injusticias y en los gobernantes mentiras.

 ¿Los que nos gobiernan no ven estas felonías?

  Les seguiré preguntando cada día de mi vida

 Si tienen conciencia, asilos y camas

Comida y abrigo, para tantas almas

Que no tienen nada, ni a nadie…

Que les bese el alma.

 

¡Descansa en Paz mujer!

 

Encarna Recio Blanco.


miércoles, 31 de enero de 2024

Calla que no quiero oírte...


Calla que no quiero oírte

Escucha solo el silencio

Que la noche pase despacio

Sobre nuestros cuerpos.

 Piel sobre piel y sentirte

Amarnos sin miedos

Sin padecer la derrota

De la pasión y el deseo.

 Tu alma será mi alma

Y sumidos entre besos

Por siempre seremos uno

Rozando lo eterno.

 Tus manos guiaran la senda

Por la que juntos vayamos

Hacia ese paraíso

Que siempre soñamos.

 Mil latidos compartidos

En el cenit de tu abrazo

Con la luna por testigo

Amándonos.

 Que pasen las  horas lentas

En el balcón del pecado

Con las benditas caricias

Que el cielo nos ha brindado.

 Ojalá pase la muerte

Y nos lleve de la mano

Para quedarnos por siempre

En la eternidad soñando.

 

Encarna Recio Blanco.


lunes, 29 de enero de 2024

Las sombras bailan...


 Las sombras bailan

Al ritmo de los jadeos

De tu cuerpo en mi cuerpo

Lleno de fuego.

Esta noche las estrellas

Tienen destellos nuevos

Para alumbrar nuestro lecho

En la ceremonia de los deseos.

 La luna envidiosa se asoma

Con su manto blanco

Para asistir al festín

De nuestros labios.


 De mi último libro

“Atardeceres de fuego”


Encarna Recio Blanco.



sábado, 27 de enero de 2024

Ella va tan ufana...

 


Ella va tan ufana paseando por las calles, con su mirada negra y perniciosa, oteando la presa como un león con hambre.

Ella no se para en edades, ni en las clases sociales, ni en machos, ni en hembras, ni si son jóvenes, o viejos, si tienen la piel blanca, o la piel negra, nadie se percata de su presencia ni se paran a pensar, que a su lado la llevan.

Todos van con cerrojos en los ojos y el macuto pesado, llenos de marañas en sus espaldas, tan aprisa en esa carrera, donde los necios  bregan, hacia la meta de la esclavitud, volando sin alas, hacia una empresa que le paga una miseria.

Cuando por la calle pasa Ella, hasta los muros se estremecen por su presencia, pero el ser humano ni se da cuenta, o la ignoran, como si no fuera con ellos la sombra negra.

Las calles ahora, están llenas de gentes que tranquilamente pasean, otras,  en veloz carrera quieren entrar en las tiendas, porque empiezan las rebajas y quieren atrapar la mejor de las prendas.

 Ella sigue oteando a sus presas…

Ahora, por los aires huele a cenizas funerarias, a gobiernos rearmados, a misiles que se estrellan sobre un avión, que con gran estruendo, explota llenos de almas, quedando carbonizados en la tierra.

Los edificios, ahora que se aproxima la Navidad, están iluminados con luces de colores de tal manera, que brillan con serpentinas onduladas como si fueran estrellas.

Dentro de esos edificios iluminados, los cuerpos moran con las miradas perdidas, las sogas al cuello, y sin decirse ni una sola palabras, se matan unos a otros por la espalda, a sangre fría, o violando a la madre, que pario a sus hijas.

En mi deambular a Ella la veo y su presiento por estas calles, me aterra con su guadaña a cuesta, y un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza.

No quiero saludarla por si se me acerca, trato de esconderme detrás de una puerta y pasa a mi lado, pero no se acerca.

Respiro aliviada, pero mi alma en vilo me va recordando, que tal vez, otro día en el que yo la presienta, venga de frente, me pare y me diga, que tengo que irme con Ella... quiera yo…o no quiera.

 

Encarna Recio Blanco.



Mi boca te busca...


Mi boca te busca

Por cada rincón

Mis bellos poemas

Suplican tu amor.

 Y odio las noches

Si no te presentas

Y paso los días

Sin darme ni cuenta.

¿Me buscas amor?

Dime que me quieres

Para que mi alma

A tu lado vuele.

 Te amaré sin tregua

Con razón o sin razón

Y treparé por los muros

De tu corazón.


 Encarna Recio Blanco.



miércoles, 24 de enero de 2024

La amistad...



La amistad es, como esa delicada rosa que se deshace, mecida por el viento del otoño y vuelve a renacer en primavera.

La amistad, es esa extraña pareja entre el amor sin sexo, y la tolerancia sin grilletes, ese maná sagrado que  todos los seres humanos necesitamos, aunque cada vez, escasee más, por estos mundos de Dios.

Puede ser como el amor, en casi todas sus dimensiones, es escuchar, compartir,  o simplemente estar.

A veces, me pregunto si existe la verdadera amistad, si en algún lugar del mundo, en cualquier recóndito rincón, alguien anciano o joven, se acordará de nosotros cuando ya no estemos, o cuando demandemos su ayuda, si tendremos a ese amigo a nuestro lado, un ser lo suficientemente humano, para otorgamos su apoyo, sin pedir nada a cambio.

La amistad, no es un contrato, aunque a veces, no sepamos hablar en otros términos, ni una manipulación, ni obedecer, ni rogar, ni tolerar, ni dominar, ni ninguno de estos adjetivos, que no tienen ningún valor, en esta causa.

En algunos momentos en los que tras un duro caminar, echamos la vista atrás y vemos con infinita tristeza, los  pocos amigos que nos  quedan, en caso, que verdaderamente, los hubiéramos tenidos.

De nada sirve una amistad que se nutre del placer de los buenos momentos,  que se beben las copas y luego, nos abandonan bajo los efectos del alcohol, alcohol que a veces, no cura esas heridas, que nos hacen reír sin ganas, llorar con la boca seca, o  quedar tirados en cualquier acera.

¡Y qué solos quedamos realmente cuando notamos el vacio de aquel, que creímos  amigo! ¿Habrá muerto la amistad a manos de estos tiempos en guerras?

Muchas veces, me siento como una gatita que alimentada sólo de migajas, corre despavorida ante la mano amiga.

Si he de plantear una hipótesis, no tengo por más remedio que admitir, que la verdadera amistad  en ocasiones, no existe.

Aunque como ser humano tenga mis dudas, aunque este alma mortal quiera creer en algo más, que  en nosotros mismos, aunque esa pavorosa afirmación me deje sin aliento. En ocasiones, me acerco a los demás no sé si para corroborar mi tesis, o para reducirla a la condición de descabellada.

La amistad, esa rosa de nadie o de todos, ese sentimiento dependiente que consigue hacernos más humanos, y por eso, más frágiles, ese vaivén que nos  aporta felicidad, y a veces, dolor.

No puedo afirmar que no existan amigos, no quiero asegurar no haberlo sentido, ni tentar a la suerte y no sentirlo otra vez, porque raras veces he encontrado un   amigo de verdad, pero también, al encontrarlo me he sentido inmensamente feliz.

Siempre me he vanagloriado de mis amigos, y  ahora demando amistad, que no encuentro, por más que busco,  ahora cuando más lo necesito, pocos son los que se acercan.

Siempre abogué por la amistad y hoy la denuncio, y quiero denunciarla con voz muy alta, con un grito casi imperecedero para aquel que quiera, escuchar mi lamento.

Apelo a vuestro juicio y que sea él, quien os conteste, cuando le hagáis la siguiente pregunta: ¿Cuántos amigos me quedan de verdad?

 

Encarna Recio Blanco.


lunes, 22 de enero de 2024

Me hiela la razón...


Me hiela la razón

El frío que siento

La escarcha paraliza mis pasos

Y no me detengo.

 Fui tenaz y a veces torpe

En aquel tiempo…

El mundo quería recorrer

Con prisas y sin miedos.

 Pero un día me di cuenta

En mitad de barbecho

Que me faltaban los granos

El arado y los aperos.

 Ahora sé que ya es muy tarde

Para volverlo a intentar

Ya mi tierra no es fértil

Para sembrar.

 Alguien dijo un día:

Que hagas lo que hagas

Te arrepentirás…

 Así estoy ahora

Sin saber… lo que hice mal.

 

Encarna Recio Blanco.



jueves, 18 de enero de 2024

Necesitaba encontrarme...



Necesitaba encontrarme

Y encontrarte…

Me perdí por la niebla

Que mimosa me acunaba

Cual una niña pequeña.

 En la soledad de aquel espacio

Pude ver como lloraba una estrella

Y adosándome a su luz

Quise que me diera fuerzas.

Le conté mis desventuras

Mi naufragar sin enseña

Sólo con las briznas de tu aliento

Trasnochado desde la otra frontera.

No quería bajar de nuevo

A pisar esta tierra

Donde el oropel no es miscible

Con lo que mi corazón encierra.

 Ella me animaba, ya no lloraba

Me atusaba el alma

Con un peine de nácar

Lleno de esmeraldas.

Y en la conjunción de su materia

Pude ver, que no soy una prófuga

Harapienta, que soy un corazón

Enamorado…de una quimera.

 

Encarna Recio Blanco.

   

 

miércoles, 17 de enero de 2024

¡Tristes guerras!


Decía, Miguel Hernández…que la guerra era como una hoguera maldita, donde los locos se abrasan. ¡Tristes guerras!

Hoy, recordando sus palabras  me uno al gran poeta, aunque no tenga la maestría que él tenía, para escribirlas.

Con mis humildes letras voy hilvanando el sentir y el horror, que ahora nos envuelve  y que tienen al mundo aterrado entre  metrallas y bombas.

Como él pretendía pretendo, que aunemos nuestras fuerzas cantando al unísono por la Paz, para que nos vuelva, denunciando las injusticias y luchando sin armas para conseguir… La Paz y la Justicia.

 Desde mis Ondas peregrinas sólo quiero  y pretendo ayudar también al ser humano que mendiga.

Regalar mis sonrisas al triste que camina, y que tenga hambre de alegría.

Aliviar con mis manos al que esté lleno de heridas. Dar amor al que nunca en su vida, sabía que existía.

 Compartir mi comida con el hambriento, sentarlo a mi mesa y protegerlo.

Abrir las conciencias cerradas de los malvados, y si puedo dulcificarlas.

 Aunque peque de atrevida… ante  el alto poder me enfrento, para cantarles las cuarenta, por sus atropellos sin temor, y sin miedo.

A los dictadores que masagrán los pueblos, a los asesinos que violan y matan, a los que sin sentimientos dejan morir en el mar  a los que no tiene Patria.

Lucho en esta batalla sin armamento, sola con mis folios, la tinta, y el tintero… intentando que los malhechores, se miren el alma por dentro.

 ¡Poetas del Mundo entero ayudadme en la batalla!

  ¡Escribir! ¡Escribir! Para que la  Paz nos acompañe en  esta tierra que agoniza, para que podamos detener tantos atropellos, donde muchos seres humanos están muriendo, por su patria, por su tierra. Tierra que les vio nacer y que ahora… los sepulta. Tierra donde sus familias con sus casas derruidas van a la deriva llorando… entre miserias y bombas sin ningún mísero bocado que llevarse a la boca.

 ¡Dictadores del mundo… parad!  ¡Parad! que si no…el Cielo se cuidará en daros el castigo que merecéis, por sembrar en este mundo tantas injusticias.

Y como decía “Gloria Fuertes” mi partido es  el de la Paz…no pido votos, pido botas para los descalzos.

 Y termino diciendo lo que decía Ángela Figuera Aymerich… Donde veas que el látigo o la espada se levantan. Que la prisión redobla sus cerrojos  y que los fusiles amenazan muerte, acércate, y a pecho descubierto…lanza un tremendo ¡NO! a la guerra…que salve al mundo.

 

Encarna Recio Blanco.


lunes, 15 de enero de 2024

Las llanuras de mi cuerpo...


Las llanuras de mi cuerpo se abren

Como la rosa  cuando se desgranan.

Quiero cabalgar contigo

Quiero que vuelvas mis ansias

Y con las tuyas me ciegue

Como enloquecen las almas.

 Mi cuerpo pide locuras

La pasión se me derrama

Y las ansias no resisten

Este ardor que de mí emana.

¡Lava…fuego…agua…calma!

 Calenturas que derramas

Cuando tu cuerpo y el mío

Chocan en la fiel labranza.

Se abandona mi cuerpo en el tuyo

Que fiero también estalla

La noche nos hace un guiño

Y una estrella nos canta

Una serenata.


Encarna Recio Blanco.


miércoles, 10 de enero de 2024

Las calles estaban llenas...


Las calles estaban llenas

De muchos mendigos

Con sus manos abiertas

Y el corazón por testigo.

Indiferentes pasaban

Cada uno con su hastío

Ignorando al ser humano

Que allí se encuentra tendido.

 Tal vez no mendigue pan

Ni monedas relucientes.

A lo mejor lo que pide

Son acciones que lo alienten.

En la crudeza de sus caminos

Las espinas le crecen

Adosado a su espalda lleva

Un zurrón con mala suerte.

La ciudad con su estruendo ruge

Estrepitosamente

Sin percatarse que muchas almas

Están durmiendo bajo los puentes

 Y mirando estos contrastes

Mi corazón  de impotencia se acelera

Al ver que la solidaridad

Escasea en esta tierra.

Cuando me encuentro sola

Sé bien  lo que me pasa…

Solo veo aquellos indigentes

Entre la cruda indiferencia…

De la gente.


 Encarna Recio Blanco.