En las calles se pierde la prisa del alma.
Corren y vuelan los días
sin mirar a nadie.
Y en cada esquina se
apaga sin ruido
La vieja costumbre de
ser más humanos.
Se olvida el saludo que abría ventanas.
Las manos tendidas sin pedir nada.
La palabra honesta
que no se vende
La paciencia humilde
que escucha y te abraza.
Se esconde el respeto detrás de pantallas.
La gratitud duerme en
cajones cerrados.
Y la bondad tímida mira desde lejos
Como el mundo pasa
sin hacerle caso.
Pero aún quedan ojos que buscan despacio.
Corazones firmen que
no se cansan.
Gente que cuida que
siembra, que espera,
Que sabe que un gesto
sostiene una casa.
Porque aunque parezca que todo se pierde
Los valores vuelven
cuando se nombran
Cuando alguien decide
vivir despacio y recordar
Que el bien nunca se
borra.
Encarna Recio Blanco
