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miércoles, 28 de marzo de 2018

“En esta tarde, Cristo del Calvario”


“En esta tarde, Cristo del Calvario”

Vine a rogarte por mi carne enferma;

Pero, al verte, mis ojos van y vienen

De mi cuerpo a tu cuerpo con vergüenza.

 ¿Cómo quejarme de mis pies cansados?

Cuando veo los tuyos destrozados

¿Cómo mostrarte mis manos vacías?

¡Cuando las tuyas, están llenas de heridas!

 ¿Cómo explicarte a ti mi soledad?

Cuando en la cruz alzada y sólo estás.

Cómo explicarte que no tengo amor

Cuando tienes rasgado el corazón.

 Ahora ya no me acuerdo de nada,

Huyeron de mí todas mis dolencias.

El ímpetu del ruego que traía

Se me ahoga en la boca pedigüeña.

 Y sólo pido no pedirte nada.

Estar aquí junto a tu imagen muerta

Ir aprendiendo que el dolor es sólo

La llave Santa de tu Santa puerta.

G Mistral

Encarna Recio Blanco.




viernes, 19 de enero de 2018

Amar es triste a veces...


Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar.

 El amor no siempre es alegría.

Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor:

Porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor.

 Amar es la tristeza de aprender a morir.

Amar es renacer. No amar, es no vivir.

El amor es a veces lo mismo que una herida,

Y esa herida nos duele para toda la vida.

Si cierras esa herida tu vida queda muerta.

Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta;

Y si un día ella sola se cierra de repente,

Tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente.

Desdichada alegría que nace del dolor.

De un dolor de la rama también nace la flor.

Pero de esa flor efímera, como todas, se mustie,

Y la rama se queda contraída de angustia.

Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja,

Y así el amor -resumen de toda paradoja-

Renace en cada muerte con vida duradera;

Porque decir amor, es decir primavera.

No quiero que mis fuerzas se extingan

  Trabajo con ellas,

 Son las que dejan a mi corazón

En el barbecho para la siembra.

 Dejadme con ellas a cuesta por senderos

Con flecos de la verde hierba

¡Que no me pesan!

Que son las que  me ponen las alas

Para volar por el cielo con ellas.

Las que me hacen que no me aleje

De un mundo donde las guerras pululan.

Donde los  niños lloran entre balas.

Donde el hambre cuesta lagrimas.

Donde los poderosos sementales

 Sacian sus vicios violando a niñas.

Donde los seres humanos mueren

Cada día en el mar a la deriva.

 ¡Dejadme que trabaje con ellas!

Que siga buscando el camino de la luz

Para encontrar donde posarme.

Donde poder tocar la lira y escribir.

 En el desconcierto de una tierra

Que se va desgranando poco a poco.

 Quisiera alejarme de este mundo.

 Un mundo donde el tiempo se malgasta

 En forjar cadenas.

En llenar de sucios dineros las alacenas.

Donde se asesina y se roba a sangre fría.

Donde la justicia está podrida y retardada.

Donde los montes mueren ardiendo

Hecho cenizas.

Pero no puedo,  alejarme de la faena,

Mis fuerzas me atizan para que siga en la brecha,

Y para denunciar el horror que asola esta tierra.

Legisladores, dirigentes, mandatarios,

Políticos de tres al cuarto, gobernantes,

¡Cabezas pensantes!

¡Qué hacéis! en un mundo donde el hambre,

 Las miserias y las injusticias

Acosan a tantos seres humanos.

¡Solo tenéis hambre  de poder!

¿Donde está vuestra vergüenza?

¿Dónde vuestro corazón?

¡Dios mío…Dios mío!

¡Porqué nadie me oye!

¡Porqué!

 Encarna Recio Blanco



 Buesa

miércoles, 9 de abril de 2008

Esta noche me desnudo




Esta noche me desnudo, de la cabeza a los pies

Quiero que mires despacio las heridas en mi piel.

De su color y textura yo las conozco muy bien

Pero quiero que compruebes las llagas que me causé.

 

Algunas son de muy niña cuando empecé a caminar

Las marcas no se han borrado aunque no me duelan ya.

Están grandes transparentes de adolescente infantil

Cuando quise volar alto y muy bajo me caí.

 

Las que ves en estos pechos fue cuando te conocí

La primera que marcaste aquella noche de abril.

Bajo la frente aquel día que no quisiste venir...

Las de mis manos al soltarte, aunque atada estaba a ti.

 

De mi alma no te hablo y menos de mi corazón

Sin piedad tú las sellaste cuando me dijiste adiós.

Esta noche me desnudo de la cabeza a los pies.

Quiero que me vea Dios y me bendiga después.

 

Encarna Recio Blanco.